martes, 22 de mayo de 2012

Año 2012. Año par.


Conforme al concordato vigente, le corresponde a la villa de Aspe celebrar las fiestas patronales en honor a la Virgen de las Nieves los años pares. El pueblo hermano de Hondón lo hace los impares.
No se puede entender Aspe sin la devoción que sus gentes profesan a la Virgen de las Nieves. Esta veneración ha ido forjando, generación tras generación, la personalidad de este pueblo. Los hijos de Aspe, individualmente o formando parte de asociaciones y colectivos, se acogen a la protección y patronazgo de su amada virgen.


Según la tradición, la sagrada imagen se apareció de forma prodigiosa en la ermita de los “Ondones de Aspe” allá por el año 1418. Han resultado infructuosos hasta la fecha los intentos por encontrar documentos fidedignos referidos a este milagroso origen. Las primeras alusiones documentales al culto y devoción que la villa tributa a María de las Nieves se remontan a principios del siglo XVII. Estos documentos (Libros de Visitas, Libros Racionales, Mà de Consells de la vila y baronia d´Asp, etc.) aportan datos sobre la antigüedad de esta devoción o sobre el peligro que corrió la continuidad de la celebración de la festividad de la virgen de las Nieves -que fue descuidada durante algunos años en el primer tercio del XVII- y cómo las autoridades religiosas y civiles evitaron que se perdiera, mandando restablecerla y nombrando mayordomos encargados de velar por su cuidado y permanencia. Sumamente interesante es el artículo publicado por don José María Alcaraz - ilustre hijo de Aspe que fue obispo de la diócesis de Badajoz- en la revista La Serranica del año 1926, titulado “Notas históricas sobre el culto de la Santísima Virgen de las Nieves en la villa de Aspe”. Habiendo consultado documentación hoy desaparecida y referida a la visita pastoral que el obispo de la sede oriolana D. Andrés Balaguer realizó a la villa de Aspe en el año 1607, nos cuenta el autor que  la aljama de Aspe, es decir, la comunidad que constituían los mudéjares de la población, se hacía cargo del pago de la “dobla” o misa cantada del día de la festividad de la virgen de las Nieves. Así pues, fueron los moros, luego convertidos en “cristianos nuevos de moro” o "moriscos", tras los bautizos forzosos practicados a mediados de la segunda década del siglo XVI, los encargados de sufragar todos los años en Aspe y hasta su expulsión en 1609 la misa cantada en honor de Santa María de las Nieves el día de su fiesta.

A lo largo de todo este tiempo y hasta la actualidad, los aspenses no han dejado de festejar a su patrona, de acogerse a la intercensión de la “Serranica”, de acudir a ella en momentos de tribulación - rogativas por lluvia, epidemias u otras aflicciones- y de darle gracias en la alegría de los episodios felices de la existencia.

jueves, 30 de junio de 2011

EL ALGUACIL PREGONERO


Una figura omnipresente e imprescindible en la vida cotidiana de los pueblos hasta fechas recientes  fue la del alguacil pregonero. La función principal de este empleado municipal era  hacer públicos por calles y plazas los bandos, edictos, ordenanzas y acuerdos que emanaban del ayuntamiento, poniéndolos en conocimiento de los vecinos de la localidad. En 1832, los lugares  de la villa de Aspe donde el alguacil pregonero debía vocear sus anuncios eran los siguientes:

1.       El itinerario de nuestro personaje comenzaba en la Plaza Mayor. Con repique de tambor,  el pregonero anunciaba  su presencia y la eminencia de su pregón (el ayuntamiento decidió sustituir el tambor por el clarín en 1844).

2.       El siguiente punto de su recorrido era la Plaza de la Fruta, denominación desaparecida hace tiempo que designaba el espacio  público existente entre el Arco del Ayuntamiento y la plaza de los Álamos (actual Avenida de la Constitución). En la Plaza de la Fruta se colocaba parte del mercado que se celebraba en Aspe cada martes  y en ella se encontraba la Casa-Hospital de la villa.

3.       De allí el pregonero se dirigía a la siguiente ubicación, el puesto conocido como de los Puentecicos en los aledaños del Puente del Baño.

4.       Luego iba a situarse frente a la puerta de la casa de Antonio Torres en la calle Cantarerías (en nuestros días calle San Pascual).

5.       Marchaba a continuación hacia el “puente” (acueducto de la acequia del Fauquí) que había en la calle de las Parras.

6.       El siguiente pregón tenía lugar en la Plazuela de San Juan.

7.       Se dirigía después a las cuatro esquinas del Portal (aproximadamente en el lugar donde hoy se encuentra el escudo de la villa de Aspe en el pavimento de la calle Mayor).

8.       Seguía el Puente del Calvario en la calle de Orihuela. Junto al puente estarían las ruinas de una pequeña fortificación  conocida en el pueblo como castillo del Calvario.

9.       Continuaba su itinerario colocándose frente a la ermita de la Purísima Concepción.

10.   De la ermita marchaba a la intersección de la calle del Lobo (calle san Luis) y Conde.

11.   Luego a las esquinas de la Cruz (la calle más populosa del pueblo) y Vereda.

12.   De este sitio a la calle Nueva.

13.   A las esquinas de la calle de la Iglesia y san Rafael.

14.   A la esquina de Santa Bárbara y Reina.

15.   Esquina de la calle de las Nieves y Alicante (Santa Faz).

16.   El penúltimo puesto correspondía al Hondo de san Roque (Sacramento). Este santo era el abogado protector contra la peste, el cólera y  todo tipo de epidemias.

17.   El pregonero terminaba su “carrera” en la calle Empedrada, cuyo nombre actual es Genaro Candela.

viernes, 24 de junio de 2011

LA COMUNIDAD JUDÍA DE ASPE EN 1478 (1)


Los procuradores del III Conde de Cocentaina, don Joan Roig de Corella, se personaron en Aspe el día 11 de noviembre de 1478 para proceder a la toma de posesión de la villa en nombre del nuevo señor. Se dirigieron primero a la mezquita donde habían sido convocados, tras llamamiento público, los vecinos mudéjares para el acto de la jura del homenaje y fidelidad al conde.
Finalizada la ceremonia en la mezquita, el séquito se trasladó inmediatamente a la singoga de la judería para recibir también el homenaje de los vasallos judíos de Aspe. Las formalidades seguidas fueron semejantes a las de los musulmanes exceptuando el momento solemne del juramento: si los primeros juraron por Alá y por Mahoma, volviendo sus rostros hacia la Meca, los segundos lo hicieron jurando por Dios y sobre los Diez Mandamientos de la Ley Mosaica. Los vecinos judíos o cabezas de familia presentes en la sinagoga de Aspe eran:
- La máxima autoridad religiosa de la aljama, el rabino Muçe Abenbarn.
- El mestre Abraniel, médico.
- Abrahin Faraig.
- Salamon Alvalencí-
- Mosé Faraig.
- Abram Algeme.
- Ysach Pelche.
- Alamon Castayl.
- Yuceff Alva.
- Xahuda Algemel.

Había sido voluntad de los señores de Aspe poblar la villa con judíos, estableciendo en ella una judería permanente. Así, el I Conde de Cocentaina firmó en el año 1456 unas capitulaciones con los judíos de Aspe para la fundación de la judería. Uno de aquellos capítulos obligaba  a todo judío con casa y esposa al pago de una dobla de oro, equivalente a 18 sueldos de moneda real de Valencia. Esta cantidad se redujo poco después a 10 sueldos para evitar que los judíos que permanecían en Aspe acabaran marchándose de la localidad como habían hecho ya algunos correligionarios. El pago de esta cuota anual eximía a los judíos de otras cargas y prestaciones, a excepción de la obligación de realizar turnos de guardia en el castillo de la villa ( castillo del Aljau) en tiempos de guerra.


(1) Cfr. J. RICHART GOMÁ: "Inventarios de castillos y toma de posesión de Elda, Petrer, Salinas, Aspe y Sax en 1478", Revista del Vinalopó 5, (2002), Petrer, pp. 180-182.

martes, 7 de junio de 2011

EL ASALTO DE 1668 (III). LOS INCIDENTES DEL 17 DE JUNIO.



Un informe que tenía por destinatarios a la reina regente y al virrey del Reino de Valencia recoge los sucesos acaecidos en la villa aquella noche del 17 de junio de 1668. El documento pretende informar acerca de lo sucedido y verificar,  reuniendo las declaraciones de testigos presenciales y personas implicadas de alguna manera en los hechos, los diez puntos o capítulos que a continuación se transcriben (1):

"1 Primeramente que la possession que se le dio a la Exma. Sra. Doña María de Guada Lue Alencastre y Cardenas Duquessa de Avero y Maqueda de la pressente villa y baronia como recayente en el Mayorazgo del Ducado de Maqueda fue quieta y pacifica y se le dio en su nombre a Don Agustin Rodríguez cavallero del avito de S. tiago legitimo procurador de Su Exa. por los justicia jurados y consejo de la pressente villa y demas particulares con muchas voluntad y aplauso de todos en virtud de despacho de su Magd despachados por el Sacro Supremo y real Consso. de Aragon y assi es verdad.


2 Item dice ut supra que para darle la dha possession no se hico fuerca violencia, inducción, soborno ni vexacion alguna por parte de la dha Exma Sra Duquessa ni del Sr Exmo Duque Duque de Maqueda ni de otra persona alguna ni menos por jayme Beltran ni otro particular sino que la dicha possession sea dado por los dhos justicia, jurados y consso, de su buen grado y toda voluntad sin contradicion de person alguna y assi es verdad.

3 Item, dice ut supra; que en la noche del Domingo passado que se contaron diez y siete de los corrientes cantando unos mozos de la presente villa unas coplas en alabanza del dho Exmo Sr dos alguaciles de Valencia que estaban en dha villa envistieron con dhos mozos para prenderles los quales huyeron y se retiraron a la iglesia de donde los dichos alguaciles sacaron uno de aquellos violentamente y le llebaron a la carcel y luego los mesmos alguaciles le dieron livertad y assi es verdad.


4 Item dice ut supra, que sobre aver sacado de la Iglesia los dhos alguaciles al dho mozo se junto y acudio mucha gente assi eclesiasticos como seculares y corrio mucho riesgo aver en grande empeño y assi es verdad.


5 Item dice ut supra, que aviendo tenido noticia deste sucesso Jayme Beltran ligar theniente de Gobernador de la presente villa y baronia por lo debido de su oficio y que no se moviesse la gente de la pressente villa acudio y fue acompañado de algunas personas hacia la Iglesia y encontrando en una calle a los dhos alguaciles acompañados con gente y dos escrivanos y Rergetas que tenian trayendo todos quellos escopetas cortas y prohividas y antes de conocer quien eran dijo el dho Jayme Beltrán tenganse al duque y dhos alguaciles respondieron tengase al rey los quales dijeron al dho Jayme Beltran que para que consentia que cantassen aquellas coplas a lo que les respondio que no havia cossa ninguna y q le dijesen si avian cantado cossa en perjuicio de alguno y quienes eran que los castigaria y assi es verdad.


6 Item, dice ut supra que a dicha respuesta del dho Jayme beltrán uno de dhos Alguaciles que se nombra Gines Masia, dijo mire que le mando en pena de quinientos sin declara persona a quien mandaba ni cantidad porque a este tiempo ya el dho Jayme Beltran estava apartado andando su camino y dhos alguaciles visto que se iba envistieron  con aquel para prenderle y arrimándosele nicolas castello escrivano del alguacil Masia con una caravina en las manos tomo del cañon de aquella el dho Jayme Beltran y porque no sucediera alguna desgracia la tomo y assi en lo llegado unos sacerdotes semetieron de por medio y quietaron a unos y a otros volviendole a dho notario la caravina y todos juntos acompañaron a sus posadas a los dhos alguaciles y escrivanos con mucha paz y quietud y assi es verdad.


7 Item, dice ut supra que los dhos alguaciles y escrivanos en la referida ocasión fueron mui voluntarios en querer prender sin caussa a los dhos mozos que cantaban las colplas por que no ofendian con aquellas a ninguno y assi mesmo no tubieron caussa ninguna para sacarles violenta mente de la Iglesia, ocasionando con esto que los clerigos hiciessen alguna demostracion en defenssa de la inmunidad eclesiastica y sobre decirlos Mossen Baleriano Sanchez lo mal que hacian Le dieron con una pistola en la frente de que quedo herido y assí es verdad.


8 Item, dice ut supra que de la mesma manera los dhos alguaciles no tubieron motivo ni caussa alguna para querer prender y capturar al dho Jayme Beltran siendo assi que auqel como lugar thiniente de Governador acudio con gente para obrar lo que fuesse de justicia, y si no hubiera quietado a los vecinos de la dha villa era mui contingente aversse movido contra los dhos alguaciles visto su mal proceder con que trator de quietar y sosegar toda la villa como con todo efecto lo hizo y assi es verdad.


9 Item dice ut supra, que los dhos alguaciles en la noche antecedente tubieron entre si una disencion y pendencia estando senando y unos a otros se tiraron los platos y se hirieron  de manera que fue presisso el curarlos y no se tiene noticia que en la ocasión referida de la noche del dia diez y siete ofendiesen ni dañasen a ninguno de dhos alguaciles, escrivanos y corchete y assi es verdad.


10 Item dice ut supra, que los dhos alguaciles dieron avisso al Sr Don AntonioCalatayud informandole las cossas contra el hecho de la verdad con que ocasionaron que viniesse a la presente villa con mas de ducientos hombres de la villa de Elche y dando asalto en cassa de Jayme Veltran le prendieron y capturaron y echandole un par de grillos lo imbio a las carceles de la villa de Elche a donde de pressente esta y assi mesmo dio otros asaltos en diferentes cassas de que se atremoricaron todos los vecinos de dha presente villa de manera que dejaron sus casas y sefueron fugitivos al campo y assi es verdad.”


  Seguidamente, el documento registra las declaraciones de los siguientes testigos:



-          Vicente Almodóvar, vecino de 30 años de edad. Acompañaba a Jaime Beltrán en la ronda nocturna por las calles de la villa.

-          Mosén José Miralles, eclesiástico de 31 años de edad. Sacerdote y vicario de la iglesia parroquial de Aspe.

-          Mosén Valeriano Sánchez, diácono de 22 años de edad. Este clérigo resultó herido en la frente al pugnar con Nicolás Castells, escribano del alguacil Ginés Masiá, cuando defendía a los mozos que habían buscado protección en la iglesia.

-          Miguel Hernández, vecino de 40 años. Auxiliaba y acompañaba a los alguaciles de Valencia como teniente de justicia de la villa de Aspe.

-          Mosén Pedro Miralles, sacerdote de 26 años de edad.

-          Lucas Pastor, vecino de 60 años de edad. Iba de ronda con el grupo de Jaime Beltrán, bayle de la villa.

-          Melchor Cremades, vecino de 63 años. Presenció el altercado que se produjo en la puerta de la iglesia.



Los siete testigos asistieron a la toma de posesión de la villa y baronía de Aspe y ratifican unánimemente que ésta fue pacífica y se hizo sin ningún tipo de coacción. Todos coinciden en señalar que la acción emprendida por los alguaciles contra los mozos fue desproporcionada.

Basándonos en los testimonios de estos hombres y en las novedades que aportan a los diez capítulos, podemos proporcionar un relato de los sucesos de la noche del 17 de junio.

Varios mozos se divertían cantando coplas en la Plaza Mayor de la villa. En medio de sus cantos, los jóvenes comenzaron a dar loas y vítores a los señores duques gritando: “Viva quien viva, viva el duque de Avero y doña María”. Los vivas que lanzaban los mozos llegaron a oídos de los alguaciles de Valencia que andaban a esas horas por las inmediaciones de la plaza. Sintiéndose ofendidos, los alguaciles fueron a detener a los mozos. Estos corrieron a refugiarse a la cercana iglesia parroquial, asiéndose con fuerza a las aldabas de la puerta del templo y acogiéndose a sagrado. Los alguaciles, lejos de renunciar a sus propósitos, decidieron sacar de allí a los mozos y llevárselos amarrados a las cárceles de la villa. Comenzó entonces a acudir mucha gente a la iglesia. Entre las personas que iban llegando había también algunos eclesiásticos. Los tonsurados se pusieron a defender a los mozos para evitar que fueran apresados. Uno de los clérigos, el diácono mosén Valeriano Sánchez, forcejeó con Nicolás Castells, escribano del alguacil Ginés Masiá, resultando herido en la frente. Los alguaciles finalmente consiguieron llevarse preso a uno de los muchachos, el hijo de Francisco Coloma. Es posible que fuera éste el joven que  portaba una espada al cinto.

Tras el incidente en las puertas del templo parroquial, los alguaciles se dirigieron a casa de Jaime Beltrán para pedirle responsabilidades por el comportamiento de los mozos. El bayle de la villa no se encontraba en su vivienda porque, fiel a su rutina, andaba de ronda nocturna con un grupo de vecinos. Fue en la calle de la iglesia, también conocida como calle del Horno, donde se encontraron unos y otros, iniciándose allí una acalorada discusión que pudo haber acabado trágicamente de no haber sido por la serenidad del bayle y la mediación de los sacerdotes presentes, los cuales separaron y apaciguaron a los litigantes para que no hubiese más discordia.

Calmados los ánimos, los alguaciles, escribanos y corchetes que iban con ellos se retiraron a la Casa Palacio donde tenían sus aposentos. En el trayecto fueron acompañados por numerosos vecinos de la villa que ya no estaban dispuestos a permitir nuevos altercados. Los ministros de la Real Audiencia de Valencia se habían granjeado la antipatía y rencor de la mayor parte de los moradores del pueblo, por su actitud arrogante y su comportamiento desafiante y pendenciero. Otro motivo de repulsa, y a la vez de desasosiego para los habitantes de Aspe, lo constituía el hecho de que los alguaciles y sus hombres pasearan por las calles con pistolas y otras armas que estaban totalmente prohibidas dentro de la villa.

Los alguaciles informaron al juez de la Real Audiencia de Valencia que estaba en Elche, don Antonio Calatayud, de los sucedido en Aspe. Era públicamente conocido en la villa el disgusto que había ocasionado en la Real Audiencia la toma de posesión de doña María Guadalupe. No sólo esto, varios testigos afirmaban haber oído decir al escribano Nicolás Castells que los moradores de la villa de Aspe no podían esperar otra cosa, por haber dado la posesión de ésta a la duquesa, que un castigo ejemplar por parte de la Real Audiencia. Así que los sucesos de la noche del 17 de junio sirvieron de pretexto para el asalto del 19. Con aquella demostración de fuerza, Aspe iba a recibir el escarmiento que se merecía, y de paso se recordaba a los duques que todavía no había una sentencia definitiva en lo tocante a sus derechos sobre los territorios del marquesado de Elche, incluida la villa y baronía de Aspe.





(1)   ESPAÑA. MINISTERIO DE CULTURA. SECCIÓN NOBLEZA DEL ARCHIVO HISTÓRICO NACIONAL, BAENA, C. 165.

sábado, 4 de junio de 2011

EL ASALTO DE 1668 (II). EL CONTEXTO.

Atendiendo primero al contexto general, la muerte sin descendencia de don Francisco en 1656 había creado, por un lado, un litigio sucesorio entre parientes que enfrentó  al duque de Nájera con  los duques de Avero; mientras que,  por otro lado, aquella situación de vacío de poder ofrecía a la villa de Elche una nueva oportunidad para desvincularse del ducado de Maqueda  y, como ya ha sido apuntado, realizar de una vez por todas el viejo sueño de su reincorporación a la Corona como villa real.
Una sentencia de la Cámara de Castilla había dirimido a favor de doña María Guadalupe Alencastre y Cárdenas, duquesa de Avero, el pleito sobre la sucesión del ducado de Maqueda y del marquesado de Elche. Pero, al decidir también sobre este último, el organismo castellano incurría en un acto de injerencia al carecer de competencias sobre un territorio - el marquesado de Elche- que se encontraba bajo la jurisdicción de la Real Audiencia de Valencia. Se sumaba, al litigio sucesorio,  un conflicto jurisdiccional que complicaba aún más las cosas.
El 13 de abril de 1668, el duque, en nombre de su esposa doña María Guadalupe,  quiso hacer efectiva la sentencia de la Cámara de Castilla tomando posesión de la villa de Elche. Sin embargo,  la furibunda oposición de los ilicitanos frustró la tentativa  del duque y le obligó a refugiarse en el palacio, protegido por sus hombres. El virrey  y la Real Audiencia de Valencia acordaron tomar medidas, enviando a uno de los ministros de la Real Audiencia a Elche con la misión de convencer al duque sobre la necesidad de abandonar la población por el riesgo que corría ante un pueblo soliviantado. Pero los duques tenían otros planes.
Las enormes dificultades encontradas en Elche iban a contrastar con la tranquila toma de posesión de la villa y baronía de Aspe, efectuada el día 18 del mismo mes. Esta maniobra de los duques y el consentimiento unánime de los miembros del consejo municipal y de los vecinos de la localidad de Aspe para dar  la posesión de la villa y baronía a doña María Guadalupe, duquesa de Avero y Maqueda,  provocó tanto la ira de Elche como la de la Real Audiencia de Valencia, originándose una situación de inestabilidad en todo el marquesado con  graves consecuencias para Aspe. El 19 de junio de 1668, el pueblo fue asaltado y el representante del duque en la villa, Jaime Beltrán, apresado y conducido a los calabozos de Elche. En el ámbito local, los vivas al duque y  a la duquesa  que unos mancebos lanzaron, cuando cantaban coplas y se divertían en la plaza mayor de Aspe,  la noche del  17 de junio, fueron, a la postre, el pretexto utilizado por los alguaciles y oficiales de la Real Audiencia que se hallaban en el pueblo (se hospedaban en la Casa Palacio de la villa) para provocar el enfrentamiento con el vecindario y con el bayle, dando pie a la posterior represalia del día 19.



(Sepulcro de Doña María Guadalupe. Monasterio de Guadalupe, Cáceres.)
Finalmente, doña María Guadalupe consiguió - tras la ratificación en agosto de 1669 del Consejo de Aragón de la sentencia dada por la Cámara de Castilla- la posesión de sus territorios valencianos  con los títulos vinculados a estos. Elche tuvo que ceder y resignarse a su destino. Doña María Guadalupe no sólo hubo de luchar contra los pretendientes rivales, sino también contra sus propios vasallos, principalmente los ilicitanos, quienes habían intentado por todos los medios el retorno de su población a la jurisdicción real.

jueves, 2 de junio de 2011

EL ASALTO DE 1668 (I).



El martes, 19 de junio de 1668, cuando despuntaba el día, una tropa formada por más de doscientos hombres de a pie y a caballo procedente de Elche irrumpía en la villa de Aspe. El contingente estaba comandado por el juez de la Real Audiencia de Valencia Don Antonio Calatayud. Sus hombres venían fuertemente armados con escopetas y otras armas de fuego. No hallaron ninguna resistencia en el pueblo. Muchos vecinos, asustados, habían huido al campo. Tomaron, entonces, el control de las calles y fueron apostados piquetes de guardia ante las puertas de la Iglesia y de las ermitas de la localidad (San Juan y Concepción), prohibiendo a los eclesiásticos la entrada en el templo para la celebración de los oficios litúrgicos de la mañana. Don Antonio Calatayud se dirigió con mucha de la gente armada que traía a la casa de Jaime Beltrán, lugarteniente de gobernador y bayle de la villa (representante de los duques de Avero y Maqueda, barones de Aspe). La casa fue sitiada y asaltada, su inquilino apresado y sacado afuera, encadenado con grillos y trasladado a las cárceles de Elche. Otras casas de la población fueron asaltadas antes de que la tropa ilicitana abandonase Aspe.


¿Qué había ocurrido? ¿Por qué Aspe había sido tomada manu militari? ¿Qué razones y acontecimientos condujeron a la captura y prisión del bayle, principal ministro del duque en la villa? ¿Por qué toda aquella demostración de fuerza?

Las respuestas a estas preguntas hay que buscarlas en el marco general del contencioso sucesorio que se había suscitado sobre el ducado de Maqueda y el marquesado de Elche tras la muerte sin descendencia de don Francisco María de Monserrat Manrique de Cárdenas, VI Duque de Maqueda.Junto a esto estaba la tradicional posición antiseñorial de Elche - a la que nunca había renunciado la villa desde que fuera donada por los Reyes Católicos a don Gutierre de Cárdenas en 1471- y sus deseos de retorno a la jurisdicción real, sin olvidarnos, de las viejas rencillas y rivalidades entre estaa villa y la de Aspe, mucho más sumisa, como veremos, a sus señores. Pero la causa inmediata, la chispa que encendió la llama y provocó el asalto del día 19 fueron los hechos acaecidos en Aspe la noche del domingo 17 de junio , en los que se vieron implicados los aguaciles y escribanos de la Real Audiencia que se encontraban en la localidad, unos mozos que cantaban coplas y proferían vítores a favor de los duques en la plaza mayor, el clero local, el ya citado Jaime Beltrán y numerosos vecinos; sucesos que fueron recogidos en un informe enviado a la reina regente doña Mariana de Austria, del cual nos ocuparemos más adelante…

domingo, 10 de octubre de 2010

Fray Antonio de los Reyes.



Fray Antonio de los Reyes, fraile franciscano nacido en la villa de Aspe en 1729, fue designado por el Papa Pío VI, reinando en España Calos III, primer obispo de Sonora, Sinaloa y las Californias en el confín noroccidental del virreinato de Nueva España (México).


En 1782 zarpaba del puerto de Málaga el barco que lo trasladaría al nuevo mundo. Al flamante obispo le acompañaba un pequeño séquito del que formaban parte sus tres sobrinos: José Almada, sacerdote, Antonio Almada, ingeniero de minas, y el teniete Antonio de los Reyes, militar de carrera e hijo de su hermano Teodoro. Los tres - naturales de Aspe- prestarían una valiosa ayuda al obispo en su labor apostólica y de gobierno de la diócesis norteamericana. Además, el segundo, Antonio Almada, contraería matrimonio con Luz de Alvarado, hija de uno de los potentados de Sonora, para fundar una de las familias más ricas y prominentes de aquel territorio.

El obispo de la nueva y extensa diócesis fue un decidido defensor de los indígenas y denunció los abusos de los colonizadores en una de las últimas fronteras del vasto imperio español como si de un nuevo Bartolomé de las Casas se tratase. Religioso ilustrado, fue también el mitrado aspense precursor de la educación pública al fundar siete escuelas primarias y dos cátedras de gramática castellana y latina en su diócesis.

viernes, 1 de octubre de 2010

Vivir... y morir.

"Partimos cuando nacemos,            
andamos mientras vivimos,
y llegamos
al tiempo que fenecemos;
así que cuando morimos
descansamos."

   La esperanza de vida en la región valenciana en torno a 1860 se situaba en los 26,61 años. En el siglo XIX la tasa de mortalidad era muy elevada. Las carencias médico-sanitarias y los malos hábitos higiénicos de la mayor parte de la población no favorecían aún la mejora de los niveles de supervivencia.
En Aspe existía un hospital situado en la antigua “Plaza de la Fruta”, a espaldas del Ayuntamiento, en el lugar que hoy ocupa la farmacia del “Boticario”. Era un establecimiento antiguo y de escasa capacidad que no reunía las suficientes condiciones sanitarias ni contaba con los medios y el instrumental adecuados. Según el cuadro estadístico de 1840, la villa tenía dos médicos y cuatro cirujanos para atender a una población de 1.600 vecinos (unos 7.200 habitantes al aplicar el coeficiente 4,5).
Remontémonos al año 1841. El registro civil de muertos de la villa de Aspe recoge para este año 153 fallecidos. Es un año normal, sin incidencia de epidemias. Los  niños muertos menores de tres años suman casi la mitad del total de defunciones: 74 individuos (48%). En la mayoría de los casos se señala como causa de la muerte la alferecía, un tipo de enfermedad que afectaba especialmente a la infancia, caracterizada por fuertes convulsiones, pérdida del conocimiento e identificada a veces con la epilepsia. El verano y las altas temperaturas incrementaban los niveles de mortalidad infantil, mientras que los rigores del invierno aumentaban las muertes entre la población adulta. Hay registrados 30 fallecimientos de niños menores de tres años durante el estío.
Normalmente, en los registros de defunciones se señala la enfermedad o la causa que provocó la muerte del individuo. Para Aspe, en 1841, pueden extraerse los siguientes datos:

-    Por alferecía: 75 fallecidos.
-    Por pulmonía: 15.
-    Por calenturas: 12.
-    Apoplejía: 12.
-    Vejez: 9.
-    Pasmo: 5.
-    Sobre parto: 3.
-    Tisis – Tuberculosis: 3
-    Garrotillo: 2.
-    Tabardillo: 2.
-    Hemorragia: 2.
-    Cólera morbo asiático: 1.
-    Dolor de costado: 1.
-    Diarrea: 1.
-    Hidropesía: 1.
-    Fístula maligna: 1.
-    Tercianas: 1.
-    Por ahogamiento: 1 (una niña de seis años).
-    Otras: 7.

sábado, 14 de agosto de 2010

Aspe y la Vía Augusta

La Conselleria de Infraestructuras y Transporte quiere rehabilitar el trazado de la vía Augusta en su trayecto por el territorio de la Comunidad Valenciana. En la provincia de Alicante son 12 los municipios que atraviesa dicha calzada. ¿Se encuentra Aspe entre ellos?





Aspe (Aspis) aparece en los itinerarios de época antigua como un hito del ramal de la calzada romana conocida como vía Augusta que discurría por todo el pasadizo natural que es el valle del Vinalopó, uniendo la meseta con la ciudad de Cartago Nova (Cartagena). Esta variante de la vía Augusta, también llamada vía Praetoria o Hercúlea, atravesaba la provincia de Alicante desde más allá de Villena hasta Elche y Santa Pola (Portus Ilicitanus) para, desde aquí, dirigirse a la capital de la Cartaginense por el sur alicantino.
No sabemos con certeza que entidad tendría Aspe en aquella época, unos hablan de una población de cierta importancia, otros sólo de una villa rústica, una “mansio” o lugar de posta y avituallamiento en algún punto de la calzada entre Elda (Ad Ello) y Elche (Illici). Y es que todavía no estamos en condiciones de ubicar con exactitud el lugar que ocupaba el Aspis romano. Dos son las zonas candidatas en las que han aparecido restos arqueológicos de época ibérica y romana: el Castillo del Río (y alrededores) y la partida del Campet, una extensa área cruzada por el río Vinalopó que pertenece a los términos de Novelda, Monforte del Cid y Aspe. En este paraje, las últimas actuaciones arqueológicas han descubierto los restos de un acueducto.
Pero no sólo los documentos o la arqueología, también la toponimia, como ocurre en tantos otros casos, ha conservado la memoria del paso de la calzada por estos predios. Según la profesora María Jesús Rubiera, el topónimo de origen árabe “Almohaja” (camino y partida de la Huerta Mayor de Aspe) haría referencia a la “gran calzada” ( al-Mahayya). Es de suponer que el camino de la Almohaja, atravesando la fértil huerta, conectaría la población de Aspe el Nuevo con el trazado de la vía Augusta en los aledaños de Aspe el Viejo (Castillo del Río).

Enlaces de interés: http://www.diarioinformacion.com/alicante/2010/08/12/recuperaran-vias-romanas-comunitat/1034747.html

sábado, 6 de febrero de 2010

El Castillo del Aljau (II). La fortaleza en algunos documentos.




- En 1478, el castillo se encontraba en malas condiciones. Debido al precario estado del recinto no se efectuó por parte de los procuradores del nuevo señor de Aspe, don Joan Roig de Corella, III conde de Cocentaina, la toma de posesión del mismo. Los mudéjares de la aljama de Aspe solicitaron al conde de Cocentaina la reparación de la fortaleza. Un antiguo privilegio concedido a la aljama de Aspe dejaba en manos de los mudéjares aspenses la alcaldía o tenencia del castillo.
- En la documentación referente a la toma de posesión de la villa de Aspe de 1498 (de la que ya hemos hablado en este blog), sí se da noticia de la posesión del castillo de la villa. El acto tuvo lugar el 20 de mayo, inmediatamente después de que el procurador del señor de Aspe recibiese el juramento de fidelidad y vasallaje de mudéjares y cristianos. Opinamos que la documentación se está refiriendo a la misma fortificación que dos décadas después describirá don Hernando Colón (hijo del Descubridor). El alcaide del castillo era un mudéjar que se llamaba Mahomat Alisbiri.
- Escribía don Hernando en 1517: “Azpe es villa de quinientos vecinos e esta en una llanada grande de entre unas syerras e a un quarto de legua de una e tiene una buena fortaleza de argamasa e tierra e un arroyo parte el lugar a una parte y la villa a otro…” (Original manuscrito conservado en la Biblioteca Colombina de Sevilla). El recinto fortificado del que se habla no puede ser otro que el castillo del Aljau. El texto resulta esclarecedor: el arroyo (Tarafa) parte el lugar, en una orilla está la fortaleza, en la opuesta la población.
- En diversos documentos del siglo XVIII -protocolos notariales y actas capitulares- se hace mención del castillo del Aljau. Así, en 1718, Isabel Juan Pujalte lega en su testamento “un bancalito de los dos que tengo al arrimo del Castillo del Aljau, que es el de la parte de abajo hacia el Puente del Baño” (1). En 1766 el deterioro del edificio es notorio como puede leerse en el acta de la sesión del cabildo municipal del día 5 de febrero: “Propusose por dho. Procr. Sindico allarse informado de que el castillo del Aljau y también el del Calvario, amenazan ruina sus torres, pudiendose originar si llegara a caer la destrucción de las casas confinantes y contingencia de fatales desgracias y que lo mismo sucede con una almazara que a formado dho. Vicente Mira de Asencio, a el costado del barranco del Calvario, en las cuevas subterraneas, que a hecho sin asegurar el inminente riesgo de que se arruyne dho. Sitio, con las prevenciones corrsptes de postas o pilares de obra, construydas bajo las reglas de albañilería lo que hacia presente a sus SS para que diesen, en su inteligencia las providencias corresptes en asunto de tanta gravedad. Y entendidos dichos sres de la propuesta del expresado sindico acordaron: que el Sr. Regidor Dn Bernando Muñoz con asisencia de los practicos que tuviese por conveniente reconosca dhos. Castillos y almazaras sin perder tiempo y de sus resultas de cuentas a este Ylte Ayuntamniento para que en su vista de la prova qe mas conveniente le paresqa.” (2).
- La perdida de su función defensiva, el abandono y los efectos del paso del tiempo irían arruinándolo poco a poco.

(1) Archivo Municipal de Novelda, Protocolo de Joseph Mazon 1718-22. Testamento de Isabel Juan Pujalte. Aspe, 31 de mayo de 1718, fol. 2.
(2) Archivo Municipal de Aspe, Libro de Cabildos de 1764-1766, actas de 1766, folios 17 y 18.

martes, 2 de febrero de 2010

El Castillo del Aljau (I)



La intervención arqueológica que se está realizando en el margen izquierdo del río Tarafa, cerca del Puente del Baño, saca a la luz restos pertenecientes al Castillo del Aljau. Cualquier noticia que reciba acerca del hallazgo os la haré llegar por medio de este blog.

martes, 24 de noviembre de 2009

SEPTIEMBRE, 1936.



Tras la Guerra Civil, el régimen del general Franco encargó al Ministerio Fiscal la misión de instruir un proceso informativo conocido como Causa General sobre la actividad represiva y los hechos delictivos cometidos por el llamado bando republicano. El largo proceso acumuló una abundantísima documentación que hoy se conserva en el Archivo Histórico Nacional.

Según la Causa General el asalto, saqueo y destrucción de los edificios dedicados al culto se produjo en la localidad de Aspe en septiembre de 1936[1]. Los establecimientos religiosos atacados y destruidos total o parcialmente fueron: La iglesia parroquial de Nuestra Señora del Socorro, la ermita de la Concepción, la ermita de la Santa Cruz, el Calvario, la cruz cubierta de la calle de la Cruz y la cruz cubierta de Orihuela.

En relación a la iglesia parroquial de Nuestra Señora del Socorro, puede leerse en la documentación que un nutrido grupo de personas, jóvenes en su mayoría ( de quienes se desconocía la identidad), derribaron las puertas del templo parroquial y se entregaron al saqueo y la destrucción de la ornamentación interior. En un lugar distante aproximadamente dos kilómetros del casco urbano fueron quemados los objetos e imágenes religiosas. El templo fue usado durante la contienda como garaje y almacén o depósito de intendencia para el calzado.
La ermita de la Concepción fue asaltada el mismo día que la iglesia y por el mismo grupo de personas, siendo destruidas todas las imágenes y la ornamentación interior del oratorio. En tiempo de guerra se utilizó como almacén de abastos.
Enclavada en lugar elevado en uno de los extremos del pueblo, la ermita de la Santa Cruz fue derribada y destruida totalmente. También el oratorio del Calvario ubicado en el centro de la población (lugar conocido como “los banquicos”) fue saqueado y destruido.
Por último, la Causa General habla de la suerte que corrieron las dos cruces cubiertas (cruces de término) existentes en el pueblo desde antiguo, una en un extremo de la Calle de la Cruz y la otra (más antigua que la primera) al final de la calle Castelar, conocida como Cruz de Orihuela. Ambas fueron derribadas y arrasadas por completo. Sobre la Cruz de Orihuela la documentación destaca que era una “verdadera joya de arte, habiendo asistido al acto de la bendición de la misma el inmortal religioso fray Luis de León”.


[1] Cfr. ESPAÑA. MINISTERIO DE CULTURA. SECCIÓN FISCALÍA DEL TRIBUNAL SUPREMO DEL AHN, CAUSA GENERAL, 1396, EXP.12.

viernes, 17 de julio de 2009

ASPE A FINALES DE LA EDAD MEDIA.

 
Allá por el siglo XV, nuestra comarca, el valle de Elda, estaba habitada mayoritariamente por mudéjares o, lo que es lo mismo, por gentes de religión musulmana, descendientes de aquellos moros que, tras la reconquista a mediados del siglo XIII, habían permanecido en los dominios cristianos. Atendiendo a la documentación disponible y según las  conclusiones a las que han llegado los estudiosos, la aljama de Aspe sería la más poblada de esta zona por delante de la vecina localidad de Novelda, lo que la convertía en uno de los “lugares de moro” más populosos de toda la Gobernación de Orihuela, cuyo territorio abarcaba buena parte de la actual provincia de Alicante. Esta importancia viene refrendada por testimonios como el del viajero alemán Jerónimo Münzer: de entre todas las poblaciones mudéjares productoras de uva-pasa del valle del Vinalopó, sólo cita el nombre de la de Aspe en la obra donde describe el viaje que realizó por España y Portugal entre los años 1494 y 1495. Para nuestro pueblo, se estiman alrededor de 1500 habitantes en el año 1493 y más de 2000 almas en vísperas de la expulsión de los moriscos, poco más de un siglo después. Cuando en 1517, otro ilustre viajero, Hernando Colón, hijo del Descubridor, escriba sobre su paso por  nuestro pueblo camino de Elche dejará constancia del sobrenombre con el que a la sazón era conocida la aljama de Aspe: “Granada la chica”.



Los cristianos, por tanto, eran minoría en Aspe y en las localidades ribereñas del Vinalopó, a excepción de los dos núcleos de población más importantes: Villena y Elche. Todavía a finales del XVI, el censo de población de la diócesis de Orihuela del año 1597 computaba para  Aspe 456 vecinos (cabezas de familia), de los cuales sólo 70 eran cristianos viejos y 386 moriscos o cristianos nuevos.



También muy escasa era la población judía. Antes de la expulsión de 1492, aparecen documentadas unas pocas familias en Aspe. Conocemos el nombre de algunos de aquellos judíos. Muçé Abenbern, rabino, Abraniel, médico, Jahuda Gemel, platero de profesión (argentari), su madre Jamila -presa en las cárceles de la villa en 1489, junto a otros correligionarios, por el caso de ciertas joyas de oro y de plata-, Jahuda Abenpica, Abraham Algemel…  aproximadamente una docena de familias, cincuenta o sesenta individuos, no muchos más, cohesionados en torno a la sinagoga de la judería.



Nuestro pueblo era lugar de señorío y no de realengo: pertenecía a un noble. En 1424, el caballero Ximen Perez de Corella compró Aspe y Elda a doña Violante de Bar, viuda del rey Juan II de Aragón. En 1448, don Ximen recibirá de manos del monarca aragonés el título de conde de Cocentaina. Durante setenta y tres años la familia Corella gobernará Aspe. Transcurrido este tiempo, en 1497, don Juan Ruiz de Corella, III conde de Cocentaina, sin descendencia y con acuciantes problemas económicos, venderá la villa al noble castellano don Gutierre de Cárdenas por un precio de 41.000 libras de  Valencia. Gonzalo Fernández de Oviedo destacaba en sus “Batallas y quincuagenas” el buen negocio que había hecho don Gutierre al adquirir la rica y populosa villa de Aspe:



“donde se hazen aquellos hierros de lanza famosos ques de seiscientos o setecientos vecinos, que en aquella saçón eran merced. Esa villa, el comendador mayor la compró (le costó noventa mill doblas) del conde de Oborsa (sic) e de Cocentaina. E la teja solamente dese pueblo se valía solamente lo que dio por ella. Aunque a la verdad, en aquel tiempo valían más cien mil doblas e más hacienda se obiera por ellas, que agora por ciento cinquenta mill. Es una muy buena villa e rica, Azpe; e junto a las que hemos dicho de Elche y Clevillén, en el reyno de Valencia”.



La documentación referente a la compra realizada por don Gutierre y a la toma de posesión de la villa de Aspe ha sido estudiada recientemente por el historiador aspense Gonzalo Martínez Español.



Los señores pertenecían al estamento de los privilegiados, gozaban de una serie de prerrogativas y derechos económicos, sociales, jurídicos, etc. Recibían de sus vasallos las rentas sobre las tierras de cultivo, eran dueños de los monopolios señoriales (hornos, molinos, tiendas, mesones, pilón de carne, montes, pastos…), los cuales solían cederse al consell o a la aljama para ser arrendados a particulares mediante subasta. Los señores impartían justicia en causas civiles y criminales, pudiendo condenar a penas de sangre (azotes y mutilaciones) e incluso dictar sentencias de muerte que se ejecutaban, si nada lo remediaba, en la horca de la villa. El cadalso se colocaba preferentemente en lugares con mucho tránsito o afluencia de personas: plazas, caminos o accesos a las poblaciones.

El señor debía vigilar su territorio y proteger a sus vasallos de las incursiones de los almogávares granadinos o de los asaltos y rapiñas de otros nobles vecinos y  rivales, como era el caso del linaje antagonista de los Maça de Liçana, señores de Novelda y Monóvar. En este contexto se ha de situar también el enfrentamiento casi permanente entre los pendencieros señores de Aspe y la villa de Elche, conflicto en el que no faltaron los lances guerreros. A las cabalgadas del conde y su gente por tierras ilicitanas respondía la hueste de Elche invadiendo el término de Aspe. De modo que los continuos pleitos entre ambas villas salpican el siglo XV. Diversos motivos llevarían a las disputas: el aprovechamiento de las aguas, las reclamaciones territoriales, los episodios de celadas a mercaderes, los secuestros de mudéjares para pedir rescate, etc. Juan Pedro Asencio pensaba que estos desencuentros y enfrentamientos, incluido el contencioso relativo al derecho sobre las aguas, quedarían de alguna manera resueltos o si quiera suavizados tras la adquisición de nuestro pueblo por don Gutierre, quien, para entonces, ya llevaba un tiempo siendo señor de Elche. El hijo mayor de don Gutierre, don Diego de Cárdenas y Enríquez,  será el primer duque de Maqueda.


El señor no residía en Aspe así que nombraba a un representante suyo en quien delegaba funciones, era el bayle (batle) o lugarteniente de bayle. Este delegado del señor debía defender los intereses y derechos de la Señoría y velar por el buen estado de las arcas dominicales.

La organización municipal de la aljama o de su análogo cristiano, el consell, estaba constituida por el alcadí-justicia, los jurats, consellers-vells, almotazaf, síndic, etc. Parece ser que la insaculación era el sistema empleado en la elección anual de los oficios y cargos municipales. Los munícipes se reunían periódicamente  para tratar aquellos asuntos que afectaban al común de los vecinos de la villa. En el ya mencionado documento de la toma de posesión de 1498 aparecen relacionados los nombres de las personas que detentaban los diferentes cargos municipales, tanto de la aljama mudéjar como del consell cristiano. Los integrantes de la aljama y del consell se habían reunido por separado para dar la posesión de la villa, baronía y castillo de Aspe, como era costumbre en ocasiones semejantes a aquella: los primeros en la mezquita mayor y los segundos en la modesta iglesia de la villa (oratorio de san Juan). Existen noticias relativas a la existencia de tres mezquitas en el Aspe medieval. La mezquita mayor ocuparía lo que hoy es la capilla de la Comunión de la Basílica de Nuestra Señora del Socorro. En cuanto al modesto templo cristiano bajomedieval, un documento eclesiástico del siglo XVII recuerda que la ermita de san Juan fue la primera iglesia cristiana que hubo en la villa de Aspe. Junto a esta ermita se levantó, más tarde, el Hospital de la villa o Casa de Caridad, donde se atendía a peregrinos, enfermos y pobres. El hospital y la ermita se encontraban en el centro de la población, en la antigua plaza de la Fruta (espacio situado entre el arco del edificio histórico del Ayuntamiento y la actual avenida de la Constitución, en otro tiempo Plaza de los Álamos).

Inmediatamente después de recibir los juramentos de fidelidad y vasallaje de la aljama, del consell y de la mayor parte de los vecinos, el procurador de don Gutierre de Cárdenas se dirigió al castillo para tomar posesión del recinto. La fortaleza no es otra que el Castillo del Aljau. Una reciente intervención arqueológica en la ladera izquierda del río Tarafa ha sacado a la luz los restos de la fortificación a la que aquí se alude. Es llamativo y conviene destacarlo: el alcaide o castellano del castillo de Aspe era un moro llamado Mahomat Alisbizi, quien será confirmado en su puesto por el representante del nuevo señor, el caballero santiaguista don Juan de Luján, respetándose, de este modo, un privilegio conferido desde antiguo a los mudéjares de Aspe.

Un buen castillo de argamasa y tierra en la parte del Aljau; las depresiones del Tarafa y del Barranco como fosos naturales. La villa presentaba un contorno cerrado al exterior según el sistema defensivo conocido como “casamuro”: los mismos muros de las viviendas - sin huecos, sin resquicios hacia fuera- y algún tramo de tapia harían las veces de muralla. La población permanecería clausurada por las noches y en los momentos de peligro: incursiones de saqueo, pestes, etc.

En el interior, el laberíntico entramado urbano estaría formado por calles estrechas y tortuosas, callejones sin salida y numerosas “rinconás”. En la toma de posesión de 1498 se habla de un portal llamado de la “Exerea”, el único vestigio que nos queda hoy es el topónimo. Es probable que existiese, al menos, otra abertura en el cerco de la villa que daría salida a la “almohaja” y a la huerta del Fauquí. Una calle principal atravesaría el pueblo de un extremo a otro, de una puerta a otra.

La plaza era el espacio más relevante, el centro geográfico, político, religioso, económico, social y lúdico de la población. El corazón de Aspe. En la plaza y aledaños se encontraban el palacete porticado de la Señoría donde residía el bayle; junto a éste los almacenes, cuadras y bodegas; también las cárceles de la villa, la mezquita mayor con su enhiesto minarete y su fuente para las abluciones rituales, la sencilla iglesia cristiana, la taberna…

La de Aspe es gente pacífica y laboriosa. Son diestros artesanos, reconocidos maestros de la fragua y del trabajo del hierro, afamados agricultores que han creado una fértil huerta, envidia de toda la comarca. El producto agrícola estrella es la famosa uva-pasa que se exporta a lugares tan lejanos como Italia o centroeuropa. También son muy apreciados otros productos como las habas y los higos.

Cada sábado, en la plaza, por privilegio concedido por el rey de Aragón don Juan II, la villa celebra mercado. Cada sábado, un día después de la fiesta musulmana del viernes y un día antes del domingo cristiano. Los buhoneros y tenderos ofrecen sus mercancías al humilde vecindario. La gente es feliz si puede satisfacer sus necesidades básicas: un plato de comida, un vestido y un techo bajo el que cobijarse.

Desde un promontorio sobre el Barranco (donde también se ubicará una torre o pequeña fortificación  y, mucho más tarde, un calvario) se divisa la mayor parte del término: los campos de vides y de olivos, las blancas alquerías con sus palmeras e higueras, los montes circundantes, el arroyuelo de aguas frescas y cristalinas, las acequias y acueductos que conducen el preciado líquido hasta la feraz huerta, los abrevaderos de las bestias y las fuentes de los hombres, donde las mujeres van a llenar sus cántaros...

Es un buen lugar para vivir. Cinco siglos después continúa siéndolo.




lunes, 6 de julio de 2009

TOMA DE POSESIÓN DE LA VILLA DE ASPE DE 1668 (1).


Sepulcro de doña María Guadalupe de Alencastre y Cárdenas, duquesa de Maqueda y señora de Aspe, en el Monasterio de Guadalupe (Cáceres).




Los documentos de tomas de posesión de la villa de Aspe nos ofrecen abundantes e interesantes datos históricos. Además de darnos a conocer el desarrollo y ceremonial del acto de posesión, nos aportan valiosa información sobre diversos aspectos del régimen señorial (prerrogativas del señor, relaciones señoría-vasallos, monopolios señoriales, señorío jurisdiccional…) o sobre la organización y cargos municipales, algo nos dicen de la realidad social y económica del momento y nos dan noticias de la localización de hornos, molinos, posadas u otro tipo de establecimientos.
No es la primera vez que en este blog se habla de una toma de posesión de la villa de Aspe y, probablemente, tampoco será la última. En esta ocasión, os ofrezco un esquema-resumen de la toma de posesión de 1668:

- El documento está escrito en lengua valenciana.
- Procurador: D. Agustín Rodríguez Márquez, caballero de la Orden Militar de Santiago.
- Señora de Aspe: Doña María de Guadalupe Alencastre y Cárdenas, Duquesa de Avero y Maqueda, Marquesa de Elche, etc.
- Fecha de la toma de posesión: 18 de abril de 1668.
- Llamamiento público a todo el vecindario y convocatoria con repique de campanas para tener consejo general en la Iglesia de la villa “segons estil y es acostumat tenir y celebrar”.
- Asistentes: Joan Cremades de Damian, Justicia/ Alfonso Miralles, Pere Pastor, Jurados/ Frances Bonbati, Frances Cremades, Síndico/ Antonio Pastor, Mustasaf/ Joan Alcaraz, Sobrecequiero/ Joan Soria, Jaume Beltran, Alonso Garcia, Lluis Gumiel, Francisco Miralles major, Gines Roca, Gines Perez, el doctor Emanuel Pareja, Lluch Pastor, Miguel Hernández, Joan Pérez, Gines Puerto, Andreu Terol, Diego Preto, Consellers/ numerosos vecinos… siendo todos juntos “la major part dels concellers vehins y habitadors de dita vila…”
- Homenaje y juramento de fidelidad a doña María de Guadalupe Alencastre y Cárdenas en la persona de don Agustín, reconociéndola como señora de Aspe…
- El procurador, en nombre de la duquesa, jura guardar los fueros, leyes, privilegios, usos y buenas costumbres de la villa de Aspe.
- Los allí congregados “anediren al presbiteri de la dita esglesia ahon estava aseyt en una cadira lo dit Agosti Rodrigues Marques procurador dessus dit y Jurasen a nostres señor Don Jesuchrist y al seus sants quatre evangelis, e prestaren los homonages per besament de ma y muscle al dit don Agosti Rodrigues Marques…”
- Destitución de los cargos y oficios municipales y restitución en las mismas personas que antes los ejercían.
- Simbolizando la jurisdicción criminal de la duquesa sobre sus vasallos aspenses, se plantan tres palos en la plaza a modo de horca y se cuelga “un tros de llens”.
- También se ordena el apresamiento de Joan Coloma “per certes noticies que contra aquell y havia y averiguades no ser verdaderas encontinent lo mana excarcerar…”
- Posesión de la huerta y de todo el término de Aspe.
- Posesión del Horno Nuevo propio de la Señoría.
- Posesión del “Forn vulgarment dit del barranch”.
- De la “Casa Cantereria vulgarment dita de la Juderia”.
- “Casa Cantereria vora del Riu”.
- “Casa Cantereria vulgarment dita de Avinent”.
- “Moli de la vila” ("Molino del Río").
- “Casa Cantereria vulgarment dita del Raco”.
- Posesión de “una casa situada en lo Raval del moli que confronta ab casa de joan Perez, ab casa de Vicent Rodrigues, y ab casa de Gines Puerto que solia ser de la Santa Inquisicio…”
- Carnicería y Pilón de la carne.
- Casa Panadería pública.
- Posesión de la Casa Palacio situada en la plaza de la villa.
- “Dos bodegues contigues situades en la plaça de dita vila davall dels graners…”
- Posesión de los Graneros (construidos sobre las bodegas).
- Hostal de la villa (en la plaza).
- “Forn situat en lo carrer de la Yglesia”.
- Llamamiento a todos los vecinos, feudatarios y terratenientes, que tienen que pagar “los reddits censos arrendaments emoluments y demes drets a señor pertanents en la dita vila a la dita Exma. Señora Duquesa de Avero…”





(1) Cfr. ESPAÑA. MINISTERIO DE CULTURA. SECCIÓN NOBLEZA DEL AHN, BAENA, C. 165.

domingo, 15 de marzo de 2009

ROGATIVAS POR LLUVIA A LA VIRGEN DEL HONDÓN-VIRGEN DE LAS NIEVES.


El sacerdote aspense Fracisco Galván, rector de la parroquial del Socorro y ferviente devoto de la Virgen de las Nieves, registró en el Libro II Racional de la Iglesia de Aspe lo que depararon las rogativas por agua que se celebraron en la villa de Aspe entre los años 1673 y 1687. Las rogativas se realizaban para obtener del cielo, por intercesión de la virgen, el don precioso del agua.

1673:
- 4 de abril. Primer día de rogativas: “se trajo a la Virgen del Ondón por rogativas de agua”.
- 12 de abril. Llovió.
- 16 de abril. Llovió. Traslado de la imagen a su ermita de los Hondones. El párroco dejó anotado en el libro: “bolvimos la Virgen al Hondón con una compañía de soldados que abria quarenta y se tiraron cosa de 200 lrs. de polvora y sones, y la noche antes llovio y a la que queria bolver la procession del Hondon llovio mucho…”

1674:
- 1 de abril. “ Fi a traher la Virgen del Ondon por rogativa de agua”.
- 13 de abril. Llovió.
- 22 de abril. Retorno de la imagen a su santuario.

1675:
- 26 de marzo. Traslado a Aspe.
- 21 de abril. “Se bolvio la Virgen al Hondon”.

1676:
- 4 de marzo. “Se trajo a la Virgen del Hondon por Rogativa de Agua”
- 5 de marzo. Llovió durante ocho horas seguidas.
- 8 de marzo. Llovió mucho.
- 11 de marzo. Llovió.
- 12 de marzo. Llovió mucho.
- 14, 15 y 16 de marzo. Llovió los tres días.
- 18 de marzo. “Llovio tanto que toda la tarde estuvo el Santisimo patente por rogativa de serenidad”.
- 8 de abril. Escribe el sacerdote: “Se llevo la Virgen del Hondon a su Hermita con solemne procession con una compañia de soldados, y aviendo estado aqui desde cuatro de Março hasta hoy; açi empeço a llover y casi todos los dias llovio mucho, tanto que a 18 de Março fue menester sacar al Smo Sacramento patente toda la tarde, por rogativa de serenidad, y continuando los mas dias en llover mucho, se passaron dias y noches tocando las campanas, y conjurando las nuves por çerenidad, y aviendo determinado el concejo de que se llevase a su casa en 4 de los corrientes llovio todo el dia y viendonos afligidos con el dia que amanecio el dia 8 resolvimos de salir lloviendo y en el collado nos mojamos algo y assi como llegamos a la Hermita, paro de llover todo el dia y muchos dias hiço lindos soles, con que se ve que por esta Santa Imagen conseguimos de Dios cuanto le pedimos, si pedimos agua antes de las veinte y quatro horas que llego a la Parroquia nos la dio con mucha abundancia; si pedimos çerenidad luego que la bolvemos a la Hermita, la tenemos, que pareçe cosa de prodigio…”

1677:
- 7 de marzo. “Procession del Hondon”. Llovio.

1678:
- 6 de marzo. “Se trajo a la Virgen”.
- 10 de marzo. Llovió.
- 15 de marzo. Llovió y nevó.
- 27 de marzo. “Bolviose la Virgen a la Hermita…”

1679:
- Rogativas del 5 de marzo al 16 de abril.

1680:
- 10 de marzo. Se trae a la imagen desde Hondón.
- 31 de marzo. Se devuelve a su sitio.

1681:
- 13 de abril. Se trajo a la Virgen.
- 16 de abril. Llovió.
- 23 de abril. Llovió.
- 24 de abril. Llovió mucho.
- 26 de abril. Llovió.
- 2 de mayo. Se traslada la imagen de la virgen a Hondón escoltada por una compañía de soldados. En el trayecto, sucedió algún percance con los frascos de pólvora, viéndose afectados Jusepe García, organista, Tomás Cerdán y Manuel Alenda, aunque deja bien claro el cura que: “ ninguno tuvo desgracias, sino que la Virgen les libro sin lesion alguna…” Es claro que Francisco Galván aprovechaba cualquier ocasión para poner de manifiesto el carácter milagroso de la sagrada imagen con la intención de acrecentar entre sus paisanos la devoción a la Virgen de las Nieves.
- 29 de junio. “Procesion al Hondon por rogativas de çerenidad y este dia cessaron las aguas y no llovio en todo el verano…”

1683:
- 3 de febrero. Se trajo a la Virgen.
- 5 de febrero. Llovió.
- 6 de febrero. Llovió mucho.
- 14 de febrero. “Buelta de la Virgen al Hondon con una compañia de soldados, en el collado se rebento el frasco a Agustin Mira y Juan Calataiud cada uno con dos libras de polvora sin daño de las personas”.

1684:
- 4 de mayo. Se trae a la Virgen.
- 6 de mayo. Llovió.
- 8 de mayo. Llovió.
- 14 de mayo. Se lleva a Hondón.

1685:
- 11 de abril. “Procesion de la Virgen del Hondon”.

1687:
- 6 de abril. Se trajo la virgen y llovió.

Datos personales

Aspe, Alicante, Spain
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